A más de un año del trágico final de Liam Payne en Palermo, la causa judicial que se tramita en Buenos Aires vuelve a generar ruido por las contradicciones entre lo que pasaba a puertas cerradas y lo que se mostraba en las redes.
El ex-One Direction murió el 16 de octubre de 2024 al caer del balcón del CasaSur Palermo Hotel. La autopsia confirmó politraumatismos y un cocktail de cocaína, alcohol y antidepresivos en sangre que lo dejó en estado de inconsciencia al caer. Sin embargo, los testimonios incorporados al expediente revelan un panorama bastante más oscuro en sus últimos días por la Ciudad.
Braian Paiz, un mozo de 26 años imputado por venderle cocaína al músico tras conocerlo en Puerto Madero, declaró desde prisión que estuvo más de una vez en la habitación de Palermo y que no había rastro alguno de Kate Cassidy, la pareja del artista. La influencer se había vuelto a Florida dos días antes de la muerte argumentando que debía cuidar a la mascota de ambos y que Liam estaba bien emocionalmente. No obstante, fuentes allegadas contaron que Payne atravesaba un brote de comportamientos erráticos, destrozos en la habitación y consumo descontrolado.
A las inconsistencias de la pareja se le suma el factor económico. La mensualidad de hasta 35.000 dólares que el cantante le enviaba a Cassidy se cortó de golpe tras el hecho. Al no haber testamento, la herencia estimada en 30 millones de dólares pasará íntegramente a Bear, el hijo que el músico tuvo con Cheryl Tweedy.
Sin la asignación y fuera de la herencia, la influencer potenció su presencia digital con acuerdos comerciales, links de afiliados y el patrocinio de la agencia Unruly, conducida por Tara Electra, un personaje salpicado por demandas por irregularidades en Estados Unidos. Mientras los Tribunales porteños siguen investigando responsabilidades y movimientos de sustancias en torno al hotel de Palermo, la exposición mediática del caso continúa reabriendo dudas sobre las últimas horas de la estrella británica en Buenos Aires.

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