Desarrollan un mapa interactivo con las demoliciones autorizadas en la Ciudad

Perder una ciudad no siempre significa que de golpe cambien los nombres de las calles o que se borren las esquinas de un día para el otro. A veces alcanza con que empiecen a caer, una por una, las casas bajas, los petit hôtels, los comercios tradicionales y las fachadas que durante décadas le dieron vida e identidad a los barrios porteños.

Para poner la lupa sobre esta situación nació «No Demuelan Buenos Aires», una iniciativa impulsada por el proyecto «Ilustro para no olvidar» junto con «Cambalache Cooperativa Geográfica». La propuesta tomó un registro artístico y documental y lo transformó en un mapa público, interactivo y colaborativo que expone la pérdida del patrimonio arquitectónico en la Ciudad.

Al día de hoy, la plataforma reúne 203 registros en total: 167 edificios que ya fueron demolidos y 36 que continúan amenazados. Dentro de ese relevamiento, 166 casos cuentan con ilustraciones propias, y Palermo es el barrio que concentra la mayor cantidad de registros.

El origen de este trabajo se apoya en la labor de Natalia Kerbabian, creadora de «Ilustro para no olvidar», quien empezó a dibujar inmuebles porteños que desaparecían o quedaban en jaque ante el avance de nuevas construcciones. La idea surgió al notar la rápida transformación del paisaje urbano, recuperando en trazos las fachadas, los detalles de arquitectura, las fotos y las historias de propiedades que muchas veces se demolían sin que quedara siquiera documentación pública suficiente.

Con el aporte técnico de Cambalache Cooperativa Geográfica, que utilizó herramientas de cartografía y software libre, esas ilustraciones pasaron a formar parte de un mapa abierto. La herramienta permite recorrer la Ciudad para ver qué construcciones ya no están y cuáles todavía se pueden defender, cruzando además cada punto con datos del Código Urbanístico, las Áreas de Protección Histórica y los distintos niveles de protección patrimonial. También suma un formulario para que los vecinos aporten nuevos casos, datos, fotos y testimonios de sus cuadras.

El número más contundente de la plataforma no pasa únicamente por lo que se intenta salvar, sino por lo que ya se perdió: son 167 las construcciones registradas que terminaron bajo la piqueta. Cada marca en el plano representa un inmueble que formó parte de la vida cotidiana barrial y que hoy fue reemplazado por una nueva obra o quedó reducido a un terreno baldío. Al juntar en un mismo mapa lo que pasa de forma aislada en Palermo, Belgrano, Villa Devoto, Almagro o Colegiales, la iniciativa muestra que no se trata de hechos casuales, sino de un patrón urbano generalizado.

El relevamiento plantea además que esta tensión entre el avance inmobiliario y la protección patrimonial atraviesa a las distintas administraciones porteñas a lo largo de los años. Ya durante el mandato de Mauricio Macri, diversas organizaciones denunciaban las dificultades para frenar la demolición de inmuebles anteriores a 1941. Si bien en 2007 se aprobó la Ley 2548 para evaluar y proteger de forma especial estas construcciones previas al 31 de diciembre de 1941, las prórrogas y modificaciones de la norma no evitaron que vecinos y entidades recurrieran a la Justicia para exigir que se completen los catálogos y se detengan las obras.

Luego, durante el mandato de Horacio Rodríguez Larreta, se aprobó en 2018 el nuevo Código Urbanístico a través de la Ley 6099. Esa normativa reemplazó al anterior Código de Planeamiento Urbano y fijó pautas sobre dónde, cuánto y cómo edificar. La modificación generó reclamos de especialistas y asambleas por el impacto de habilitar mayor capacidad constructiva sobre barrios tradicionales, ya que al permitirse mayor volumen en zonas consolidadas, creció el incentivo económico para demoler casas bajas y levantar edificios, desgastando el entorno urbano que acompaña a las construcciones patrimoniales.

La discusión continuó con la gestión de Jorge Macri, que en 2024 presentó una reforma del Código Urbanístico con el planteo de preservar la identidad de los barrios de casas bajas y acotar la densificación. Sin embargo, el debate llegó tras años de transformaciones y los conflictos siguieron abiertos. Como antecedente, en 2026 vecinos de la Avenida Alvear cuestionaron la demolición de una fachada clásica ubicada dentro de un Área de Protección Histórica pero sin catalogación individual, cuyo permiso de demolición había sido otorgado por la Ciudad en 2024.

Desde la iniciativa señalan que demoler una casa no es solo cambiar ladrillos viejos por nuevos, sino borrar paisajes cotidianos y formas de habitar. Frente a la falta de respuestas de fondo que impidan que el registro siga creciendo, el mapa busca hacer pública la información para que la comunidad conozca qué lugares están en peligro antes de que lleguen las máquinas demoledoras.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *