La caída del consumo masivo volvió a encender las alarmas en los barrios porteños. En los supermercados de Palermo, los almacenes de Villa Crespo y las panaderías de barrio, la escena se repite diariamente: vecinos que calculan cada gasto, compran lo justo y reducen sus consumos habituales. Relevamientos recientes muestran una baja interanual superior al 5% en marzo, afectando incluso a los productos de primera necesidad. Comerciantes del Mercado del Progreso y del Mercado Central advierten un cambio forzado en la dieta, donde las verduras y la carne fresca ceden lugar a alimentos más rendidores como fideos, arroz y harina. A su vez, el aumento de la harina impacta de lleno en las panaderías, donde la venta de facturas se desplomó y el pan pasó a comprarse por estricta necesidad. En zonas como Palermo, entre la oferta turística y gastronómica, la realidad de los vecinos pasa por el uso de billeteras virtuales, promociones y calculadoras en mano para intentar llegar a fin de mes.

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