El barrio de Montserrat es considerado oficialmente el primer barrio porteño, un lugar con una historia larguísima que hunde sus raíces en el siglo XVI, cuando Juan de Garay arribó a lo que hoy es la Ciudad de Buenos Aires y anunció a su tripulación que se asentarían en la actual Plaza de Mayo. Aunque su fundación formal se dio en la década del 70, su nacimiento real se gestó en plena época colonial como un asentamiento obrero y esclavo. En aquellos tiempos, los alrededores de la histórica Iglesia de Montserrat —levantada en 1755 por el arquitecto italiano Antonio Masella en la manzana que conectan las calles Belgrano, Lima, Moreno y Salta— recibían el apodo popular de «barrio del mondongo», ya que la zona estaba habitada por personas negras cuya alimentación se basaba fundamentalmente en esa carne.
Entre las costumbres y tradiciones de la temprana Montserrat, quedó grabado en la memoria porteña el pintoresco espectáculo que se armaba cada 8 de septiembre con la procesión de la Virgen Morena, donde centenares de vecinos desfilaban al ritmo de percusiones candomberas, bautizando también al lugar como el «barrio del tambor». A pocas cuadras de allí se encuentra la emblemática Plaza de Mayo, el verdadero punto neurálgico de la ciudad que supo estar dividida por una antigua recova hasta que, en mayo de 1883, el primer intendente Torcuato de Alvear irrumpió con un centenar de hombres para derribar la mole que marcaba el límite entre ambas plazas. Hoy en día, tal como ocurrió en su pasado colonial, Montserrat se mantiene como uno de los barrios obreros más importantes de la Capital Federal, siendo todos los días el escenario donde miles de personas caminan sus calles para ir a trabajar, disfrutar del ocio o manifestarse por sus derechos.

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