En la clásica esquina de Bartolomé Mitre y Suipacha, en pleno barrio de San Nicolás, la Parroquia San Miguel Arcángel se encamina a festejar sus 300 años de historia. El templo, fundado en 1727, no solo fue espacio de culto, sino que funcionó como colegio de niñas, orfanato, asilo, cementerio de pobres y hospital durante la epidemia de tifus y las invasiones inglesas. Por sus pasillos pasó la primera santa argentina, Mama Antula, y en sus paredes resguarda más de 100 obras del reconocido artista piamontés Augusto Ferrari, quien entre 1917 y 1922 reformó la arquitectura colonial original para darle su actual estilo neorrenacentista.
Para llegar a los festejos con la estructura renovada, en estos días comienza una restauración integral de la fachada impulsada por el estudio PlanArq y supervisada por la Comisión Nacional de Monumentos, ya que la parroquia es Monumento Histórico Nacional desde 1983. Las tareas incluyen hidrolavado, retiro de vegetación y grietas, análisis de laboratorio para reponer revestimientos y venecitas, y la colocación definitiva de la mano y espada originales de la figura del San Miguel Arcángel. Los trabajos, que también contemplan el reemplazo de herrajes por acero inoxidable, se financiarán mediante aportes de la comunidad de feligreses, colectas y bonos contribución.

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