La propuesta culinaria de Palermo que promueve desconectarse de los dispositivos móviles

En pleno Palermo Hollywood, sobre Bonpland 1712, en una cuadra que concentra buena parte de la movida gastronómica del barrio, funciona Humano, un lugar que busca salir de lo común apenas uno se sienta a la mesa. La propuesta invita a frenar un poco, dejar el celular a un costado y ponerse a charlar, escuchar y compartir recuerdos entre quienes comparten la comida, mientras la atención va pasando naturalmente a lo que sucede alrededor.

El local se aleja de entrada de la típica estética de restaurante. En la planta baja armaron una especie de living con sillones de terciopelo, mesas bajas, libros y discos de vinilo. En el primer piso, donde funciona la cena, la ambientación cambia y suma madera, cortinas rojas y unos boxes que remiten directo a los palcos de un teatro, generando un entorno pensado para quedarse un buen rato y mirar el espacio, más que para entrar, comer rápido e irse.

La cena se estructura en tres pasos, pero el recorrido no viene prefijado. En cada etapa van surgiendo preguntas que relevan los gustos y preferencias de los comensales y, según lo que cada uno responde, se abren distintas opciones. Por eso puede pasar tranquilamente que dos personas sentadas en la misma mesa terminen comiendo platos totalmente diferentes. A esto se le suma la música en medio de la velada: cada persona elige un tema vinculado a algún recuerdo personal y después esa pista vuelve a la mesa para escucharla con auriculares. La idea no queda solo en escuchar el tema elegido por el otro, sino en conocer la historia que viene detrás, logrando que la charla vuelva a girar sobre los comensales en vez de dispersarse.

En la cocina, la carta acompaña esta dinámica con platos conocidos pero con toques que les cambian la impronta, donde las elecciones se van orientando según las respuestas a las consignas. Entre las entradas se cuentan la tortilla de papas con salsa romesco y puerros quemados, la trucha curada con langostinos apanados y leche de tigre con maracuyá, el escabeche de marisco con queso de cabra untable sobre tostón, y la burrata en oliva con compota de cebollas y escalibada de vegetales.

A la hora de los principales, se puede encontrar un vitel toné de bondiola con papas pelo, una reversión de este clásico familiar, además de un cordero braseado con vegetales de estación de cocción lenta y sabor intenso. La oferta de platos fuertes se completa con unos malfatti de kale y ricota en gratén de crema de cúrcuma y un arroz meloso con mariscos acompañado de alioli de pimentón ahumado.

Para el cierre dulce, los postres mantienen el juego de sabores con un crème brûlée de dulce de leche, un crumble de frutas de estación con sorbet de naranja que aporta frescura y contraste de texturas, y un cremoso de chocolate y pistachos servido con sopa de frutos rojos.

Durante el día y fuera del horario de la cena, la planta baja suma una carta de cafetería y confitería. Allí se ofrecen opciones como el croque monsieur en pan de molde con lomito, queso y bechamel de ajos asados, o chipá con salmón ahumado. En la parte dulce aparecen el budín de yogur y limón con centro de ganache de frutos rojos, baño de chocolate blanco y almendras, y un alfajor de nuez relleno con ganache de chocolate, cremoso de dulce de leche y confitura de naranja.

La barra, presente en ambos niveles, despacha tragos clásicos y de autor, como Intimidad, elaborado con ron Bacardí blanco, vermouth rosso dulce, reducción de hibiscus y miel con jugo de pomelo; o Ácidos Recuerdos, que combina vodka Smirnoff, infusión de cilantro y apio, shrub de manzana verde y tónica. La propuesta de bebidas se redondea con alternativas sin alcohol y café de especialidad.

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