En las últimas dos décadas, Palermo cambió de punta a punta hasta posicionarse como el corazón gastronómico porteño, multiplicando opciones con identidades propias en sectores como Hollywood o Soho. Ahora, cuando parecía no quedar un rincón libre para recibir a los comensales que llegan atraídos por críticas y rankings internacionales, el barrio decidió crecer hacia arriba. Esta semana se sumó Trade Sky Club en el piso 28 del edificio Qiub, incorporando alta cocina en una zona que históricamente se caracterizó por sus casas bajas y talleres mecánicos. La propuesta se alinea con una movida que abarca a toda la ciudad, con miradores y terrazas distribuidos principalmente entre el Microcentro y Puerto Madero.
Andrés Rolando, parte de Mad Group —la firma detrás de esta apertura y del conocido Trade Sky Bar en el Comega—, señala que este formato permite no solo salir a comer, sino redescubrir la fisonomía urbana en toda su dimensión, aprovechando el furor que generan las fotos del atardecer con el sol cayendo detrás del Obelisco. La postal céntrica también sumará a mediados de septiembre a Bulles, un champagne bar en el piso 16 del Comega. Su directora de marketing y cofundadora, Gisele Acevedo, remarca que la altura permite apreciar el contraste entre la arquitectura patrimonial del centro, las torres modernas de Puerto Madero y el Río de la Plata. En ese mismo inmueble de Corrientes y Alem conviven los pisos 19, 20 y 22 de Trade Sky Bar junto a Piso 15 Sky Bar, integrando un fenómeno global que tiene su récord en el restaurante Heavenly Jin de Shanghái (piso 122 del J Hotel, a 556 metros) tras superar a At.mosphere en el Burj Khalifa de Dubái.
La búsqueda de tomar distancia del ritmo cotidiano aparece como el rasgo central. Julián Casamayor, socio de Bestial Fly Bar —ubicado en un piso 11 sobre avenida Santa Fe, a metros de Juan B. Justo—, resalta que elevarse unos pisos genera un corte inmediato con el ruido y el movimiento de la calle, dando una sensación de refugio exclusivo sin salir de Palermo.
Este concepto de desconexión siempre formó parte del atractivo hotelero y hoy se consolida con múltiples opciones abiertas a todo el público. Se extiende desde el Alvear Roof Bar en el piso 11 de Recoleta hasta alternativas boutique y de grandes cadenas como Marriott Buenos Aires Downtown, Grand Brizo Buenos Aires, Hotel Pulitzer Buenos Aires y CasaSur Palermo. En la 9 de Julio, Luciano Ratti, chef ejecutivo de Grand Brizo, destaca que Cielo Sky Bar (piso 13) combina coctelería, after office y comida callejera rotativa frente al Obelisco. A pocos metros, en el piso 23 del Marriott, funciona O-Satori, un omakase japonés exclusivo para 14 personas operativo viernes y sábados por la noche. En Puerto Madero, Crystal Bar se ubica en el piso 32 del Alvear Icon Hotel; a 140 metros sobre el suelo, su gerente general, Alfredo Rodríguez, lo define como el bar más alto de la ciudad, con una panorámica que abarca desde el río y los docks hasta el centro porteño.
El valor arquitectónico e histórico también marca el pulso de estos espacios. Además del Comega, primer rascacielos porteño de hormigón armado, en Avenida de Mayo al 1300 se encuentra el Palacio Barolo. En su piso 16 funciona Salón 1923, bautizado en homenaje al año de apertura del edificio diseñado por Mario Palanti bajo la estructura de la Divina Comedia. El Barolo es parada habitual de Noche de Cúpulas, ciclo que combina arte, gastronomía al paso y recorridos por techos patrimoniales, el cual tiene fechas en las cúpulas gemelas del Edificio Bencich (Roque Sáenz Peña y Florida) emulando el club de jazz ideado por Julio Cortázar en Rayuela.
La variedad de cartas acompaña esta diversidad de alturas y vistas: desde platos estructurados en torno al champagne por Nicolás Díaz Martini en Bulles o las recetas porteñas de Dante Liporace en Trade Sky Bar, pasando por los cócteles de autor y fusión en Bestial Fly Bar, hasta el menú diario de Olympo Sky Bar en el piso 31 de la torre Lex Tower (Corrientes y Paraná) y la clásica gastronomía internacional del Club Alemán en el piso 21 de Corrientes al 300. Un abanico de propuestas donde la cocina y el paisaje urbano se cruzan para mirar la ciudad desde otra perspectiva.

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