El brunch en Buenos Aires dejó de ser una moda importada para transformarse en un verdadero ritual de fin de semana. La ciudad adoptó este concepto de desayuno tardío fusionado con almuerzo y lo llevó a un nivel propio, ofreciendo opciones únicas distribuidas por diferentes barrios porteños y zonas aledañas.
En Villa Crespo, Malvón resalta en una casona antigua con más de 15 años de trayectoria y una propuesta que incluye croissant benedictino, pollo frito y latke de papas. En Belgrano, Aire Libre ofrece un patio inspirado en invernaderos ingleses con la cocina porteña del chef Julián del Pino. Por su parte, en Palermo, La ventana de Anafe —extensión del reconocido restaurante de Mica Najmanovich y Nicolás Arcucci— propone un ambiente relajado con combos completos para compartir.
La oferta continúa en Palermo Chico con Casa Cavia, donde el chef Félix Babini y el pastelero Fabio Mandía presentan platos elaborados y coctelería de autor. En Villa Devoto, Ávito bistró & café ocupa un ex convento de más de 120 años con una carta artesanal disponible durante todo el día. En Recoleta, Tegui Casa marca el regreso de Germán Martitegui con una gran barra y combinaciones a elección.
Finalmente, en Barrio Parque, Casa Palanti brinda un brunch de pasos liderado por el chef Juan Ventureyra en la histórica Casa Redonda, mientras que en La Lucila, Zulu Haus aporta una impronta de inspiración japonesa con platos como el sándwich de huevo y el hummus de alubias con miso. Se trata de un abanico de propuestas con identidades bien marcadas que reflejan la riqueza gastronómica de la región.

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